Prevenir en lugar de curar

Hoy INFOBAE dice que el gobierno pone en marcha el debate sobre el régimen penal juvenil. Y yo no puedo no ver y escuchar esto mil veces, yo que se.

 

 

La unidad del peronismo según Abel

Comparto este posteo de Abel esperando retomar de a poco mi blog (?) si es que puede llamárselo así. Tengo mucha suerte, soy amigo de Abel y discutimos mucho de política, lo cual para mi es un privilegio. Si no aprendo es porque soy un opa, aunque no siempre estamos de acuerdo, obvio, ja.  El 2017 empieza y si hay algo que se es que el peronismo tiene que estar a la altura de las circunstancias y de lo que el pueblo necesita. Este posteo de el me parece de mucho interés para la etapa que se viene.

Además obvio Abel nos deja con la intriga esperando la segunda parte:

 

La unidad del peronismo como problema

peronismo

El título es algo más que un homenaje al clásico de Methol Ferré El Uruguay como problema. Se refiere al hecho que la unidad del peronismo en la oposición sería un problema probablemente irresoluble para el gobierno actual y su proyecto. También, a que la unidad del peronismo es, en apariencia, un problema para la democracia en la Argentina, en tanto ésta ¿requiera? alternancia en el gobierno, o, al menos, su posibilidad ¿Es el peronismo siempre mayoritario? ¿Dejaría esto a la oposición un rol sólo testimonial?

Me apuro a decir que esos dos “problemas” no son “del peronismo”. Es evidente, si uno se detiene a pensarlo (cosa que no parece el hábito de muchos opinadores). El peronismo ha sido derrotado, en elecciones libres, tres veces: 1983, 1999, y 2015 (dos intervalos de 16 años cada uno ¿debemos prepararnos para el 2031?). En serio: lo que sucedió, resulta obvio, es que al menos en las dos ocasiones anteriores sus opositores no han sido capaces de armar un proyecto estable. ¿Macri será capaz de hacerlo? Honestamente, debo decir que no me parece, pero el futuro nunca está fijado de antemano. En todo caso, no es responsabilidad del peronismo.

El problema clave, entonces, es el del peronismo, o, más preciso, de los argentinos que votan propuestas que se definen a sí mismas como peronistas: ¿Es posible hoy una propuesta que una y exprese esas voluntades?

Para no quedar entrampados en una discusión teórica, o en el voluntarismo que refleja la amable foto de arriba, conviene repasar algunos números y algunos hechos.

En marzo de 1973, el candidato elegido por Perón, Héctor Cámpora, obtuvo el 49,56 % de los votos. Seis meses después, Perón mismo sumó 61,85 %. Pero estamos hablando de más de 40 años atrás. Otra Argentina.

Más cerca en el tiempo, en 2003, Carlos Menem, Néstor Kirchner, y Adolfo Rodríguez Saá, en ese orden, sumaron el 60,8 % de los votos (Fueron en boletas separadas porque quien gobernaba el país y manejaba el partido en ese año, Eduardo Duhalde, sospechaba que en una interna peronista Menem habría triunfado. Es probable). Lo que puede afirmarse es que, a pesar de la identidad y la trayectoria peronista de los tres candidatos, expresaban al menos dos, y quizás tres, proyectos muy distintos.

Y mucho más cerca, en octubre del año pasado, el candidato del PJ-FpV, Daniel Scioli, obtuvo en la 1° vuelta de las elecciones el 37,58 % de los votos. Y el del Frente Renovador, Sergio Massa -que había sido candidato del FpV 4 años antes, y Jefe de Gabinete de su gobierno- sumó el 22,39 %. Es natural que muchos entusiastas en la franja dirigencial, y no pocos en el activismo, piensen en sumar ambas corrientes para lograr una victoria aplastante dentro de diez meses.

Otros -tampoco son pocos- creen que ahí hay dos proyectos no sólo distintos, sino antagónicos. Que tratar de juntarlos es imposible, y refleja una falta de compromiso con el “verdadero” peronismo.

Dejando de lado -por un momento, nada más- esa discusión sobre el contenido- corresponde apuntar que, en la práctica, esa hipotética suma necesitaría hoy, sí o sí, del acuerdo de dos personas: Cristina Kirchner y Sergio Massa. En el caso de Cristina, resulta obvio: es el liderazgo en que se referencia la gran mayoría de los votantes del FpV. Ninguna otra figura puede expresarlos con igual legitimidad (Y el anterior candidato presidencial, Scioli, hoy aparece al lado de Cristina). En cuanto a Massa, si bien algunas encuestas marcan un descenso en su intención de voto, todas le dan mucho más que al Frente Renovador como lista.

Ahora, con el respeto que merece la dirigencia del peronismo, y también la militancia, quiero sugerir que ambos lados de la discusión, el utilitario y el principista, parten de un enfoque errado. Lo decisivo no son las siglas, ni siquiera las candidaturas, aunque sean éstas las que suman, o no, los votos. Antes se debe pensar en los votantes. ¿Como sería la propuesta del peronismo que pueda sumar una mayoría suficiente, en 2017 y en 2019?

Para encarar ésto, propongo repasar algunos conceptos (revisando, por ejemplo, a Pierre Ostiguy). El peronismo sigue siendo una identidad poderosa en Argentina. Como el antiperonismo (o el no peronismo, en los que dicen, con sinceridad “yo no soy gorila”), expresado, habitualmente, en el Partido Radical. Al norte de la Región Centro, son todavía las opciones decisivas para las grandes mayorías. En la Región Centro -Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza- y en la Patagonia… siguen muy vigentes, las dos. Pero no parece que sean las decisivas, por sí solas.

¿Cuáles son la otra dicotomía que hoy divide a los argentinos, y que se mezcla pero no se confunde con la identidad peronista y la “no peronista”? ¿Izquierda y derecha, diría Ostiguy? Hmmm… ¿Progresismo vs cualunquismo, como a veces planteo, medio en broma? Más allá de las definiciones teóricas, creo que en la práctica resulta muy visible que se expresan en la aprobación o el rechazo de la experiencia y el discurso kirchnerista.

Parece claro que no es una división social y cultural como la que se manifestó históricamente en torno al peronismo. En realidad, se puede decir que existe, sobre todo, en el seno de los (mayoritarios) sectores medios de la población argentina. Pero es aún más claro -se demostró en al menos dos turnos electorales, 2013 y 2015- que alcanzó para definir las elecciones nacionales.

Quiero hacer algunas precisiones: Cuando hablo de la Región Centro, o de las provincias de Norte, no estoy diciendo que son realidades uniformes, bien diferenciadas entre sí. Es una distribución estadística, y se muestra según las circunstancias y los liderazgos locales. En Jujuy triunfó un candidato radical, con el apoyo de todo el anti kirchnerismo. En Córdoba, gobierna el peronismo tradicional y el kirchnerismo no ha logrado ser más que una minoría testimonial.

Con todo eso en cuenta, igual resulta evidente que la victoria de Macri el año pasado fue el fruto del rechazo / cansancio con el kirchnerismo. Y -a pesar del desgaste que sufre este gobierno y que todas las encuestas muestran- encuentro que ese “núcleo de rechazo” sigue siendo un dato importante en el electorado. Como es visible la adhesión emocional a Cristina Kirchner y el recuerdo favorable de su gobierno en otra fracción, claramente mayor al menos en provincia de Buenos Aires, de los votantes.

Entonces, hay dos preguntas que el peronismo debe resolver para volver a ser una opción de poder, antes de pensar en acuerdos con -o garrochazos desde- el Frente Renovador:

¿Cómo se articulan los votos de las diferentes expresiones del peronismo en las distintas provincias, aún si en Buenos Aires -37,01 % de los votantes- triunfara CFK o una lista identificada con ella? Esta pregunta incluye el desafío de la articulación con el sindicalismo, que no tiene casi poder territorial pero forma parte del sistema de poder peronista. Espacialmente cuando no se maneja el Estado nacional.

¿Qué porciones del electorado pueden sumarse a esos votos “propios”, necesidad que se asume en todas las siglas en las que se agrupa la dirigencia peronista, y reconocida explícitamente por Cristina Kirchner?

Trataré de esbozar algunas respuestas para mañana. No contengan el aliento

Voto femenino

El 23 de septiembre, Perón y su ministro Ángel Borlenghi firmaron el decreto de promulgación; cuatro años más tarde, las mujeres votaban por primera vez.

Mujeres de mi patria: recibo en este instante de manos del gobierno de la Nación la ley que consagra nuestros derechos cívicos. Y la recibo entre vosotras con la certeza de que lo hago en nombre y representación de todas las mujeres argentinas, sintiendo jubilosamente que me tiemblan las manos al contacto del laurel que proclama la victoria. Aquí está, hermanas mías, resumida en la letra apretada de pocos artículos, una historia larga de luchas, tropiezos y esperanzas. Por eso hay en ella crispación de indignación, sombra de ataques amenazadores pero también alegre despertar de auroras triunfales. Y eso último se traduce en la victoria de la mujer sobre las incomprensiones, las negaciones y los intereses creados de las castas repudiadas por nuestro despertar nacional.

Eva Perón

Abel dice que:

Actualizando Scioli

scioli-y-bossio

Leo en La Política Online: “Bossio abandonó la cumbre peronista porque apareció Scioli. El ex titular de Anses se fue junto a un hombre de Urtubey“. Había tocado recién en el blog estos temas de coyuntura: El Scioli que vuelve y La renovación peronista, 2.0. Pero vivimos tiempos muy coyunturales, y uno se tienta.

Aclaro algunos datos: como señalé en ese posteo, el acto del NH no era una “cumbre peronista”. Fue un acto para recordar el triunfo de Cafiero en 1987 en Buenos Aires, y lanzar una consigna “la 2° Renovación”, con la que quieren idenficarse ex kirchneristas con inserción mediática. El poder territorial que ahí se manifestaba era el de la Tercera Sección bonaerense (que no es moco ´e pavo, por cierto), y algún apoyo sindical (¿estuvo Pignanelli, de SMATA? Tengo versiones contradictorias).

Lo que sí me pudo informar un dirigente de mi agrupación que nos representaba en el acto, es que DOS se sentó, modestamente, entre el público, y ahí permaneció hasta el final. Desde el estrado no se lo invitó a subir, ni se lo mencionó (También mencioné en el correspondiente posteo que la dirigencia más joven de la provincia lo quiere jubilar). Pero… los periodistas presentes le dieron mucha más bola que a los oradores.

Como sea, trato de salir de la anécdota: Desde hace tiempo insisto en algo que me parece obvio: la polarización (imperfecta) que se manifestará en la sociedad será a favor o en contra de la experiencia macrista. Es cierto que hay un sentimiento anti kirchnerista -en particular contra los últimos años de la gestión de CFK, que se manifiesta especialmente entre sus ex funcionarios (su política de personal tal vez no fue la más acertada). Pero dudo que esa vaya a ser la línea de fractura para los argentinos de a pie. Y me resulta imposible creer que se pueden juntar muchos votos tomando distancia pública de Scioli.